Entre Hipocrates y Marte: Dr. Carlos Arvelo Guevara

Dr. Rafael Arteaga Romero

Médico Pediatra. Trabajo presentado para optar a la categoría de Individuo de Número, Sillón XXX de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. Caracas, marzo 9 de 2016 Correo radar25@gmail.com

Recibido Junio 18, 2016

RESUMEN

El Doctor Carlos Arvelo y Guevara nació el 1 de junio de 1784, en Güigüe, hoy cabecera del municipio Arvelo, en el estado Carabobo. Cursa estudios en la vieja Universidad Real y Pontificia, alcanzado su grado de Médico en 1810, gracias a beca otorgada por dicha institución. Bolívar lo designa Cirujano mayor en 1813, habiendo sido antes Director del hospital Militar de Caracas. Participó en batallas como las de Vigirima, La Victoria y San Mateo. Lograda la independencia será profesor de la Universidad y acompaña al Dr. Vargas en la creación de la Facultad Médica. En 1826 contrae matrimonio con Manuela Echeandía. Fue más tarde Rector de la Universidad y Senador. Falleció el 17 de octubre de 1862, en Maiquetía.

Palabras clave: Carlos Arvelo. Medicina militar. Universidad republicana. Panteón Nacional.

ABSTRACT

Carlos Arvelo and Dr. Guevara was born on June 1, 1784, in Guigue, now head of the municipality Arvelo, Carabobo state. He studied at the Old Royal and Pontifical University, attained his medical degree in 1810, thanks to grant from that institution. Bolivar designates more Surgeon in 1813, having previously been Director of the Military Hospital of Caracas. He participated in battles such as Vigirima, La Victoria and San Mateo. Achieved independence will be University professor and accompanies Dr. Vargas in the creation of the Medical Faculty. In 1826 he married Manuela Echeandía. It was later Rector of the University and Senator. He died on October 17, 1862, in Maiquetia.

Key words: Carlos Arvelo. Military medicine. Republican university. National Pantheon.


Panegírico de los Drs. Julio De Armas y José Ramón López Gómez

Sr. Doctor Cutberto Guarapo, Presidente de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina y demás Miembros de la Junta Directiva.

Señores Ex Presidentes, Individuos de Número, Miembros Correspondientes e Invitados de Cortesía. Estimados colegas, Invitados especiales, amigos todos aquí presentes.

Señora Damelis Martínez de Arteaga y queridos hijos Guillermo y Marianella Arteaga Martínez.

En esta hermosa mañana de un marzo primaveral, me presento ante Uds. aquí en este respetado Palacio de las Academias, sede del saber y la experiencia consagrada, para tener el inmenso honor de incorporarme como Individuo de Numero a esta docta Sociedad de Historia de la Medicina y ocupar el Sillón XXX que correspondió previamente a dos ilustres venezolanos como lo fueron los doctores Julio de Armas y José Ramón López Gómez. También fue un mes de marzo pero del año 2011 cuando dos buenos amigos, los Drs. Francisco Plaza Rivas y José Francisco, ex presidentes en esta corporación, enterados ellos de mi interés por la historia me propusieron como Invitado de Cortesía, estimulando de esta manera que comenzara mis primeros trabajos de investigación para ascender con el correr del tiempo a Miembro Correspondiente.

Mi eterno agradecimiento a los doctores Leopoldo Briceño Iragorry y Roger Escalona, firmantes de la proposición para poder hacer realidad el día de hoy mi condición de Individuo de Número de esta Sociedad a la que he dado en llamar crisol y nido del legado histórico de nuestra medicina y a tantos buenos colegas que me avalaron con sus votos para llegar a este hermoso y muy feliz acto. Antes de abordar el tema con el que hoy me incorporo, deseo agradecer también la presencia en este honorable recinto, de invitados personales identificados con el mundo de la historia y de manera muy especial a los descendientes de médico prócer sobre el cual disertaremos. Como les expresé antes, el Sillón XXX de esta respetada Sociedad fue ocupada anteriormente por dos ilustres médicos ya mencionados: los doctores Julio de Armas y José Ramón López Gómez. Debo por tanto en esta hora hacer una semblanza de la personalidad y trayectoria profesional de ellos, y a quienes tengo el honor de sustituir, por su sentida ausencia física.

Dr. Julio De Armas

Médico, escritor, Rector y Profesor en la Universidad Central, político y diplomático. Nacido en Guayabal, Edo. Guárico el 2 de octubre de 1908 y fallecido en Caracas el 28 de julio de 1990. En el centenario de su nacimiento y en el marco del IX Congreso Venezolano de Historia de la Medicina, el médico e historiador Dr. Edgardo Malaspina, presentó una ponencia en su honor donde escribió lo siguiente: “En el contexto del estudio de la historia es importante la relación de Julio de Armas con la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. Dicha Sociedad fue creada el Caracas el 28 de julio de 1944. El 3 de julio de 1945 la SVHM realizó la última asamblea de esa primera etapa. El 16 de junio de 1952 se reorganiza la misma con la presencia de cinco fundadores y el De Armas fue elegido por votación el 3 de mayo de 1955 como Individuo de Número, Sillón XXX, incorporándose el 9 de agosto de ese año, con el trabajo "Vida y obra de un gran venezolano: Dr. Rafael Herrera Vegas". El acto de incorporación se realizó en la Sede del Colegio de Médicos del D.F, con presencia del Presidente de la SVHM, Dr. Zúñiga Cisneros y de los Dres. Ceferino Alegría y Franz Conde Jahn, entre otros. Al Dr. Ricardo Archila le tocó hacer el Juicio de mérito. Por otro lado, el Seminario realizado por la Academia Nacional de Medicina en 1971, dedicado a estudiar la participación de médicos en la Batalla de Carabobo (1821), se hizo sobre la base de una moción formulada por el Dr. Julio De Armas (Fig 1)

Dr. José Ramón López Gómez

Nació en Tinaquillo, Edo. Cojedes, el 29 de abril de 1927 y fallece a los 87 años, el 28 de agosto de 2014, en lamentable accidente de tránsito. Inicia estudios médicos en la Universidad de Los Andes y los culmina en la UCV, graduado en 1955 como Médico Cirujano en la Promoción Dr. Julio De Armas. Posteriormente doctorado en Ciencias Medicas en la Universidad del Zulia y más tarde se recibe también como Dr. Honoris Causa en la Universidad de Carabobo. Al graduarse se desempeña como médico del hospital Adolfo Prince Lara, donde destaca en su actividad obstétrica hasta llegar a ser Jefe de Departamento y con el pasar de los años es Profesor Titular de esta especialidad en la universidad valenciana. Fue presidente de la Cruz Roja de Puerto Cabello por 30 años. Como escritor se le reconoce una enjundiosa producción literaria y humanística, generando en su pluma infinidad de artículos de opinión, ensayos y poemas, acumulando méritos para ser Miembro Fundador de la Asociación de Médicos Escritores. Autor de la Historia Médica del Estado Cojedes y de otras investigaciones de carácter histórico. (Fig 2)

Es incorporado en el año 1996 como Individuo de Número, Sillón XXX de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, presentando el trabajo; Don Laureano Villanueva, el Historiador. Fue también Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y del Centro de Historia de Carabobo.

Dr. Julio De Armas
Fig 1. Dr. Julio De Armas
Dr. José Ramón López Gómez
Fig 2. Dr. José Ramón López Gómez

Carlos Arvelo y Guevara (1784 – 1862)

Para quienes siendo médicos tenemos el cultivo de la historia como inquietud que invita al recuerdo y eleva el espíritu, evocar la figura de un médico como lo fue el Dr. Carlos Arvelo, cuyo desempeño profesional transitó los caminos de la cátedra universitaria y de los campos de batalla nos invita a recorrer el glorioso acervo de nuestro pasado como fuente de fecunda enseñanza y norte seguro para llegar por el camino de la superación a la meta propuesta por los pueblos. No pretendo hacer una extensa y completa biografía de este admirado personaje, sino más bien resaltar en este ensayo aquellos hechos en la vida de este insigne médico venezolano discurridos en los difíciles años que le tocó vivir en un país que recién iniciaba su lucha independentista y una vez lograda esta continuar ejerciendo su profesión contribuyendo a la fundación de innumerables centros de educación y de salud.

Hipócrates de Cos (460-377 aC.) fue conocido en su Grecia natal como Padre de la Medicina. Destacó por una disciplina y práctica médica rigurosa y de estricto profesionalismo. El célebre “Juramento Hipocrático” en donde pone por testigos a Apolo médico y Esculapio, a Higías y Panacea, tendrá como propósito único el bien y la salud de los enfermos. Es bandera opuesta a Marte, hijo de Júpiter y Dios de la Guerra en la mitología romana, gran señor de batallas y enfrentamientos a muerte.

Arvelo supo mantenerse como médico hipocrático en el campo de Marte, desafiando la muerte que lo persiguió varias veces, llevando la curación el bien y recuperando la salud de los soldados combatientes en nuestras guerras por la independencia. En edad temprana despierta en él la vocación galénica según apunta el biógrafo y discípulo suyo Dr. Manuel Porras (1) pues “desde su más tierna infancia presenciaba diariamente la acendrada caridad de su abuela la cual veía y ayudaba todas las mañanas en los corredores de la casa paterna, multitud de enfermos pobres a quienes la respetable señora consolaba con sus palabras y aliviaba con sus consejos y remedios”. Obedeciendo su natural vocación y venciendo dificultades económicas, el joven Arvelo se traslada a Caracas para emprender sus estudios que habrían de conducirlo al grado de Bachiller en Filosofía, concedido en 1808 por la Junta de Inspección y Gobierno de la Real y Pontificia Universidad de Caracas de manera gratuita habida cuenta de una certificación de pobreza, buena conducta y distinguida aplicación, avalada ésta por sus maestros resaltando su probidad y responsabilidad en todos sus actos, lo cual demostraría durante toda su vida al ejercer como médico, profesor y científico.

Vieja fachada neogótica y guzmancista de la Universidad Central
Fig 3. Vieja fachada neogótica y guzmancista de la Universidad Central

Al iniciar sus estudios médicos comienza pasantías en el Hospital General de Caridad, siendo designado por uno de sus profesores, el Dr. Alejandro Echezuría, y previa autorización del Rector de la Universidad, profesor interino de la cátedra regentada por él, comenzando así a perfilarse como el excelente profesor universitario que llegó a ser, buscando en sus alumnos la pregunta, la participación y la resolución de dudas. Se licenció en Medicina en 1809 y obtuvo el Doctorado en 1810 mereciendo en todo momento gran estimación de sus profesores en especial de Felipe Tamariz. Previamente a su graduación desarrolló una admirable labor médica en los valles de Aragua durante una epidemia febril y en sustitución del Dr. José Joaquín Hernández, cuarto protomédico venezolano.

En base a observaciones proporcionadas por Arvelo, se infiere que se refería a malaria según escribe en “Memoria sobre la fiebre intermitente que ha reinado en los Valles de Aragua desde mayo a octubre de 1806” citado por el Dr. Franz Conde Jahn (2).

Esta permanencia en territorio aragüeño va a servirle de cátedra de formación al joven médico. La falta de recursos, los incompletos conocimientos teóricos, la ausencia de maestros de mayor experiencia a quien pedirle consultas y aclarar dudas, determinaron que ahondase más en sus facultades intelectuales y así comienza a desarrollar su admirable ojo clínico, su diagnóstico preciso y seguro que caracterizaran sus años futuros en su profesión. Al regreso a Caracas las autoridades en vista de su bien ganada fama lo nombran Médico del Hospital de Caridad de Mujeres. El sabio profesor Dr. Felipe Tamáriz le distinguió entre todos sus discípulos y le condecoró con la Medalla al Talento y a la Contracción. La lucha pro independentista de 1810 fija un punto de singular relieve en el desempeño profesional de Arvelo pues señala el comienzo de la actuación médico militar del mismo. Comienza formando parte del Batallón de Agricultores, como Capitán y médico cirujano, habida cuenta de su experiencia adquirida en el Hospital de Caridad de Caracas.

En 1811, apenas un año después de doctorarse es designado director del Hospital Militar de Caracas, cargo al que renuncia para incorporarse como médico del ejército de occidente y en 1813 Simón Bolívar lo designa médico cirujano en jefe del ejército libertador cuya sede era la ciudad de Valencia. Pero no es hombre que se habitúa a la pasividad de la vida dentro de un cuartel y se incorpora al lado del General José Félix Ribas en las memorables batallas de San Mateo, Vigirima, Ocumare y La Victoria donde olvidándose del peligro arriesgaba la vida para rescatar a los soldados heridos y dedicándose a ellos después y sin descanso buscando salvar su vida. Es así como casi pierde la suya al ser herido en el tórax de manera rasante por una bala de fusil en esta última contienda.

Su labor de médico en campaña no tenía límites procurando vestidos y alimentos a los enfermos, convirtiéndose así en “consuelo del soldado y consejero del Jefe”. Su valiosa conducta de médico y soldado le valieron el reconocimiento del Libertador Bolívar, el cual lo condecoró con la Medalla de Honor, la misma que se concedió al propio ”Vencedor de los Tiranos en La Victoria”, General José Félix Ribas. En los duros años de la contienda bélica se le veía con su equipo de cirujano que atendía a los heridos con igual celo y bondad, sin que importasen los colores que defendían, patriotas o realistas.

El historiador Valdivieso Montaño en su obra “José Tomas Boves” (3) nos permite calibrar la extensión humanitaria de Arvelo al referir que cuando el Jefe realista le muestra al mismo una lista de patriotas que serían fusilados y que el encabezaba, Boves le participa que perdonaría la vida a uno de los allí señalados y que fuese seleccionado por el mismo galeno. Este sin titubear y sin inmutarse sacó de la lista al maestro José Angel Lamas. El realista sorprendido por este gesto de singular hidalguía decide perdonar la vida de ambos. Como secuela de su herida y de la dura vida militar, presenta serios problemas de salud por lo cual se le indica regresar a Caracas donde reanuda con éxito sus tareas profesionales hasta el año 1821, cuando la Batalla de Carabobo pone fin a la lucha independentista.

En 1822 formó parte de una Comisión encargada de estudiar un plan de mejoras para la Universidad y al lado de José Ma. Vargas y otros ilustres médicos, se hace líder de la reforma, en busca de abrir paso a la creación de la Facultad Médica de Caracas, la cual se logra en 1827 por Decreto del Libertador fechado el 25 de junio de ese año, sustituyendo así al viejo Protomedicato fundado en 1777 por Lorenzo Campins y Ballester. En la docencia su labor no es menos fecunda que en el terreno político-administrativo y en el campo de batalla. Dicta la cátedra de Patología Médica en cargo obtenido por concurso de oposición y el texto utilizado por Arvelo (4,5) se mantiene vigente por más de 20 años al igual que su texto sobre Materia médica. Ambos libros sirvieron como obras de estudio y la primera fue acogida como texto oficial de estudio en Bogotá.

Decreto del Presidente Monagas en 1854, honrando al Dr. Arvelo
Fig 4. Decreto del Presidente Monagas en 1854, honrando al Dr. Arvelo

En el 1826, ya hombre maduro de 42 años, puede al fin dedicarse a formar la familia que tanto deseaba fundar con su prometida Doña Manuela de Echeandía y Frías, hija del prócer Gran Colombiano, Coronel Manuel de Echeandía. Del matrimonio nacieron seis hijos, entre ellos Carlos, médico como su padre y futuro rector de la Universidad caraqueña. No contento con su labor docente universitaria, Arvelo funda y dirige el Colegio Nacional de Niñas, contribuyendo así a la simiente de la formación familiar y moral de la mujer venezolana.

Su inquietud científica y académica lo lleva a Vice-Director del Tribunal de dicha Facultad en 1829 y posteriormente desempeñó los cargos de Vicerrector y Rector de la Universidad caraqueña en los años de 1834 y 1846 respectivamente (7)

Muy amplia y llena de orgullo y satisfacción fue la actuación de Arvelo en pro del Alma Mater sintiéndose proclive a prestar como nadie decidida y fervorosa colaboración en las tareas reformistas, quizás recordando la gracia que años antes le había concedido la Universidad al exonerarlo de los derechos que causaban el otorgamiento del título de bachiller. Los avatares políticos del año de 1830 una vez disuelta la Gran Colombia, absorben la presencia del Dr. Arvelo en diversos y connotados destinos de la vida pública venezolana.

En 1831 es diputado provincial, en 1834 miembro de la Junta de Sanidad y en dos oportunidades más regresa al Congreso como Diputado y Senador, desempeñando la Presidencia del mismo demostrando dotes de gran legislador, por lo que se le nombra Consejero de Estado, ejerciendo simultáneamente la Presidencia de la Junta Consultiva de Hospitales en donde es notoria su lucha en contra del Sarampión y la viruela como defensor de la vacunación contra la misma. En 1855 formó parte de la Junta Superior de Abolición de la Esclavitud siendo gran partidario del Decreto respectivo.

Durante esos años su reputación personal y de afamado médico llega a su apogeo. Sus éxitos, la fama de sus virtudes y su reputación como excelente médico le precedían en todo momento y le aseguraban la confianza de quienes le conocían. Alumnos, profesores y gobernantes lo admiran y respetan. Una carta de Bolívar al General Páez, de fecha 26 de junio de 1827 (8) demuestra la confianza que el Libertador Simón Bolívar le tenia como médico. La misma dice así: “Y aún nos habían metido miedo con que Ud. se había agravado. Por esto había llamado a Arvelo, para que lo cuidara a Ud…” .-“Y lo que más me consuela es que el Dr. Arvelo me ha dicho que el mal de Ud., no es de gravedad… “ Bolívar lo condecoró con la Orden del Libertador como justa recompensa a su patriotismo, abnegación y excelencia profesional, imponiendo la medalla la hermana del propio Bolívar, doña María Antonia Bolívar.

Años más tarde, el 30 de noviembre de 1847 es el propio General José Antonio Páez, quien escribe a Arvelo suplicando su presencia en Maracay ante la enfermedad que agobiaba a su amada Barbarita Nieves, la cual se agravaba día con día. Igualmente y atendiendo a sus méritos y servicios, el Presidente José Gregorio Monagas en 1854 firma el Decreto fechado en Octubre de 1854, donde se le asimila a Primer Comandante de Infantería de Ejército, reconociendo sus distinguidos y meritorios servicios prestados en el ámbito médico-militar (9)

El Dr. Alberto Silva Alvarez (10) médico e historiador lo considera el primer médico militar venezolano de humanitaria y valerosa conducta en el cual “el concepto deontológico privó siempre sobre la pasión del político y la fuerza ciega del soldado, a tal punto que hasta Boves pudo beneficiarse de los servicios y cuidados del güigüense enemérito”. El mismo Dr. Silva Alvarez con ocasión de conmemorarse en 1962 el centenario de la muerte de Arvelo y en discurso pronunciado en la sede del entonces llamado “Hospital Central de las Fuerzas Armadas” propuso bautizar con su nombre a este gran centro de salud como un ejemplarizante homenaje inspirándose quizás en frases de otro de los biógrafos de Arvelo, el eminente Dr. José Manuel de los Ríos quien escribió: “Fundemos la religión de la justicia como la más digna ofrenda a la posteridad”. Hoy por hoy orgullosamente se le denomina Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, por resolución ministerial Nº DG-1029 de fecha 24 de diciembre de 1974.

Placa con el nombre oficial del Hospital Militar de Caracas
Fig 5. Placa con el nombre oficial del Hospital Militar de Caracas

En la ciudad de Maiquetía, hoy Estado Vargas, el día 17 de octubre de 1862, a los 78 años, falleció este gran hombre, siendo sepultados sus restos mortales en la iglesia caraqueña de Santa Rosalía, para ser trasladados posteriormente al templo sagrado de los grandes, el Panteón Nacional, el 16 de octubre de 1942, para ocupar con sobrados méritos el puesto ganado como prócer, médico y docente. Después de su muerte sus alumnos de la clase de Patología Interna quisieron rendirle merecido homenaje a la memoria de tan eminente profesor fundador de la Cátedra y elevaron una doble petición a las autoridades universitarias. Primero, que un retrato suyo presidiese la sala donde se dictaban las clases de Patología Interna; segundo, que fuese declarado Catedrático Benemérito y se le decretasen honras fúnebres. Ambas peticiones fueron aprobadas con entusiasmo. Posteriormente el propio Dr. Luis Razetti (7) propuso que a la Sala San Rafael del Servicio de Clínica Médica del Hospital Vargas, se le cambiase el nombre por el de Carlos Arvelo.

El recuerdo de hombres como Carlos Arvelo y Guevara nos conmueve y estimula a seguir buscando en el acervo médico-histórico de nuestro país a aquellos eméritos colegas que hoy por hoy sirvan de ejemplo y guía como faro de esperanza ante el rumbo incierto por el que transitan las actuales y futuras generaciones médicas de nuestro país.-

Busto de Carlos Arvelo Guevara en el Hospital Militar de Caracas
Fig 6. Busto de Carlos Arvelo Guevara en el Hospital Militar de Caracas

REFERENCIAS

  1. Porras Manuel. Breve reseña bibliográfica del Dr. Carlos Arvelo. Editorial Empresa Independencia. Caracas,
  2. Alegría Ceferino. Doctor Carlos Arvelo, Médico Cirujano en Jefe del Ejército Libertador. Rev Soc Venez Hist Med. 1959; 21: 63 – 76
  3. Archila Ricardo. Carlos Arvelo. Diccionario Biográfico de médicos venezolanos. Letra A: 94. Tipog. Vargas. Caracas, 1974.
  4. Conde Jahn Franz. Labor de investigación científico médica del Dr. Carlos Arvelo. Rev Soc Venez Hist Med. 1974; 22: 285 – 287
  5. Alegría Ceferino. Apuntes documentales para la historia de la Medicina Militar en Venezuela. Caracas, 1967
  6. López José Enrique. Homenaje al Dr. Carlos Arvelo. Discurso en la Casa de la Cultura de Güigüe. Gac Med Caracas. 2005; 113: 114 – 135
  7. Godoy Ramirez Rafael. Facultad Médica de Caracas, Caminos de la Historia. Producciones Prevea. Caracas, 2002.
  8. Correspondencia del General José Antonio Páez al Dr. Carlos Arvelo. Bol Arch Histórico Contraloria General de la República. 1992; 3: 248 – 252.
  9. Manrique Lander Pedro. Biografía de Carlos Arvelo y Guevara. Documentos inéditos. Tipog. Principios. Caracas, 1984. Pag 58.
  10. Silva Alvarez Alberto. Perfil de Carlos Arvelo, prototipo del médico militar. Salus Militiae. 1969; 3